chorlitejo patinegro

Ministro británico rendido ante el puchero gaditano

Extraído de http://ocadizdigital.es/node/25234
Manolo Sánchez

El primer ministro británico que se rindió ante las excelencias del puchero gaditano

Tras un intento infructuoso por conocer al famoso bandolero ”El Tempranillo”, el que fuera una de las máximas personalidades de la Europa del XIX se desvivió por uno de los tradicionales platos de la gastronomía de Cádiz
Manolo Sánchez
1/05/2015
Cádiz

Benjamín Disraelí en un grabado de la época

Cádiz fue un punto de entrada excepcional para todo tipo de opiniones, ideas y conceptos que nacían y se aplicaban en cualquier parte del mundo. El Puerto de Cádiz no solo servía para el desembarco de mercancías, si no que también ayudó a la entrada en España de movimientos culturales que revolucionaban Europa. Es el caso del Romanticismo.

Cádiz y Andalucía fueron puntos de atracción excepcionales para los viajeros románticos del Siglo XIX. Y mira que la luz de la ciudad y su idiosincrasia nada tenía que ver con la estética lúgubre y tenebrosa que manifestaba el romanticismo europeo. Pero inevitablemente, les servía de atractivo, sobre todo por lo salvaje, exótico y distinto que tenía este país a finales del siglo XVIII y principios de XIX.

El bandolero, el contrabandista, la mujer fatal… fueron muchos de los tópicos que arrastraron a numerosos viajeros románticos a estas tierras. Pero no solo se llevaban esos tópicos. También la comida.

Es el caso de Benjamin Disraeli, primer ministro de la Gran Bretaña durante el reinado de la Reina Victoria y origen del colonialismo y de lo que hoy se conoce como Commonwealth.

Cuentan que Disraeli desembarcó en Gibraltar para una reunión en Castellar con el famoso bandolero “El Tempranillo”, al que según cuentan quería regalarle además un trabuco. Pero “El Tempranillo” no apareció, y Disraeli se vino para Cádiz y es aquí donde el futuro primer ministro pierde la cabeza por el puchero. Tanto es así que le escribió a su madre enviándole la receta para que se lo preparase en Inglaterra. Eso sí, ya que era judío, no sabemos si prescindiría de los avios del cerdo o sucumbió al placer del la pringa genuina.

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